La Ciudad Perdida de Colombia que es más antigua que Machu Picchu y casi nadie la visita

Santa Marta, Colombia (CNN) – Escondida en lo profundo de la selva de la Sierra Nevada de Santa Marta en Colombia se encuentra Ciudad Perdida. Construida por los Tayrona hace más de 1.000 años, el sitio arqueológico solo se convirtió en una atracción después de que se descubrió en la década de 1970.

Llamada Teyuna por los Tayrona pero apodada Ciudad Perdida al redescubrirla, la antigua maravilla a menudo se compara con Machu Picchu, ya que ambos son sitios arqueológicos ubicados en laderas y metidos en las selvas tropicales de América del Sur.

Sin embargo, Teyuna es más de 600 años mayor y, a diferencia de su contraparte peruana, no hay trenes ni autobuses que permitan los viajes fáciles para llegar a sus ruinas. La única manera de presenciar su belleza de primera mano es a pie: una agotadora caminata de varios días.

Probando por mí misma

A pesar de sus desafíos, no pude negarme a la oportunidad de visitar Ciudad Perdida por mí misma.

El viaje comenzó en un pequeño pueblo llamado Mamey, a dos horas en automóvil desde la ciudad de Santa Marta, en la parte norte del país, a lo largo de la costa caribeña de Colombia.

Los visitantes de Ciudad Perdida deben estar acompañados por un guía autorizado, que se puede reservar fácilmente en línea a través de un puñado de compañías. Durante el almuerzo en Mamey, conocí a los otros 12 excursionistas de mi grupo y a nuestro guía Pedro.

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Ciudad Perdida es el Machu Picchu colombiano, pero más barata y con menos turistas.

El camino de tierra, que pasaba entre grandes bananos, palmeras y enredaderas colgantes, resultó ser un desafío desde el principio. Se recomienda que los excursionistas tengan buen estado físico general, ya que la caminata es difícil.

Además de las altas temperaturas y la humedad sofocante, la caminata de 47 kilómetros asciende y desciende cuatro pequeñas montañas, y como es un camino de ida y vuelta, tenemos que hacerlo todo dos veces.

Compartimos el sendero con mulas, que llevaban comida y otras necesidades a las diferentes cabañas donde dormiríamos en el camino.

El camino serpentea a lo largo del río Buritaca, lo que significa que hay algunos cruces de ríos pero también oportunidades regulares y muy bienvenidas para refrescarse.

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