Nuestra ciudad es referente: “¿Qué falta para que Río sea Medellín?”, se preguntan en Brasil

7800 km distantes, Río de Janeiro y Medellín están mucho más cerca de lo que cabría imaginar. En el caso de que se trate de una de las más importantes de la historia de la música, la música y la música. que afirma sin la menor vergüenza vivir en la ciudad más bella del mundo.

Pero también hay el lado B de las semejanzas, una combinación bombástica de gobiernos corruptos, favelas burbujeantes de potencias y carencias, desigualdades gritantes, segregaciones urbanas, degringolada económica, violencia, milicias, intervención militar y la lista va lejos. Presenta los titulares estampados en los periódicos cariocas de hoy a un medellinense de mediana edad y es muy probable que se transporte a Medellín de los años 1980 o 1990. Pero Medellín fue más profundo. Bien más profundo. A punto de, en 1991, haber recibido el malfadado título de ciudad más violenta del mundo.

Dos décadas. Fue el tiempo que la ciudad necesitó para golpear en el fondo del pozo, tomar impulso y convertirse en referencia mundial de reinvención económica, urbanismo social y cultura, acuñando premios codiciosos como en 2013 el de “Ciudad del Año”, concedido por el Wall Street Journal y el Instituto de Tierras urbanas de las ciudades más innovadoras en el mundo, dejando atrás finalistas de la demanda en Nueva York y Tel Aviv. Y es precisamente este arco 20 años, durante los cuales los niveles de violencia disminuyeron un 80%, lo que Medellín muestra caminos, inspiraciones y provocaciones a cualquier ciudad de culpa crisis hallazgo.

Algunos rasgos de esta revolución de los amigos andinos son bastante conocidos. Entre ellos, los famosos Parques-Biblioteca, estructuras icónicas en contenido y continente, tangibilización por excelencia del urbanismo social – aquel que entiende que el urbanismo puede y debe ser expresión profunda de política pública, volcado a urdir nuevos hilos de conexiones en y entre áreas de tejido social desgarrado. Es claro que los edificios, que desfilan un sin número de premios arquitectónicos, son fulgurantes pero lo más importante es lo que representan: el derecho al bello, el valor de la estética y de los símbolos para quienes están más alejados de los derechos. Es evidente que el contenido programático, que expande exponencialmente el papel de las bibliotecas para el de espacios de convivencia e interacción, para espacios de choque (aquel rozar de brazos y pensamientos de personas que se cruzan), es de relevancia incuestionable. Y hubo más: un basural urbano se transformó en centro cultural de quitarse el sombrero, un antiguo presidio se convirtió en campus universitario y el espacio público pasó a reconectar personas y espacios. Lo que une todo eso es el foco: no sobre proyectos sino sobre procesos.

En la misma línea que inserta un menor – flanco conocido pero crucial para que Medellín ha dejado atrás un pasado oscuro de la ciudad de la violencia y ha ejercido la bandera de la ciudad de la inteligencia – o mejor dicho centro deinnovación en América Latina. Es claro que saber establecer y cumplir prioridades presupuestarias ayuda. Si en 2015 el sector de ciencia y tecnología recibió el 0,7% del PIB municipal, en 2016 la inversión fue del 1,82% (algo como 468 millones de dólares) y la meta, hasta 2021, es llegar al 3% (incluso, el deseo de Europa , que tiene en cuenta, está recogiendo para acercarse a él). Y más: el 60% de esa inversión debe provenir del sector privado. Pero tan o más importante no es cuánto sino cómo.

Ante una situación compleja a resolver, de la certeza de que sería resuelta y del reconocimiento de que nadie solo sabía cómo hacerlo, gobierno, sector privado, academia y ciudadanos pasaron a hacer algo en contra del camino por el cual va nuestra creciente intolerancia: escuchar los unos a los otros. Todo lo que fue y viene siendo hecho en Medellín parte de dos supuestos: de que la voz del otro es importante (para opinar sobre las actividades de las escuelas, para discutir cómo será aplicado el presupuesto, para desarrollar alianzas público-privadas basadas en confianza) ; y que la innovación no es un fin, sino un medio para generar calidad de vida para todos (lo que da un oído lleno nosotros que pensar que los ciudadanos tienen que encajar en soluciones tecnológicas urbanas impuestas desde la parte superior hacia abajo).

A partir de ahí, avanzar fue inevitable. Doce universidades se unieron para formar a Tecnnova, que analiza futuras demandas del sector empresarial y prepara a sus alumnos para atenderlas. Detalle: el presupuesto de Tecnnova es prorrateado entre sus varios miembros. En el sector público, el Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación parece haber sido el primero en América Latinaa ser aprobado por la Cámara de Concejales. Las empresas públicas de Medellín (EPM), conglomerado de empresas públicas con proyectos orientados al bienestar del ciudadano y que ve el lucro como esencial para ello, es otra gran fuerza viva de la economía y de la innovación de Medellín. En los últimos años ha crecido, en asociación con el Ayuntamiento, la Ruta N, centro de innovación y negocios de la ciudad, que articula con maestría esta estrategia – Alejandro Franco, director general de la Ruta N, participa en la Arena de Economía Creativa del Farol Santander, en Sao Paulo, este sábado (14), a las 11h30, con curaduría de la Garimpo de Soluciones. Considerado hace unas semanas una de las diez empresas más innovadoras en América Latina por fastcompany, la Ruta N viene apalancando la economía del conocimiento, en las alianzas entre empresas, políticas públicas, academia y ciudadanos. Como si no bastase, se sitúa el Distrito de la Innovación – un espacio de 115 hectáreas, que recorre cuatro barrios y concreta en el espacio urbano que un día fue de más bajo IDH de la ciudad la visión de la Medellín que la ciudad quiere ser.

Un caso encantador, fascinante y aquí, por nuestro lado, para mostrar que reinventar contextos en crisis es no sólo posible, como inevitable. Un chorro de aliento para ciudades como nuestro maravilloso Río, para que no sea necesario llegar aún más profundo en el pozo para reaccionar.

Con información de El País

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